YA SÉ POR QUÉ NO ENCAJO

Y por qué ni encajaba ni encajaré.

Estaba el otro día sentada en el pretil de la piscina y había frente a mí un grupo mixto de adolescentes jugando (ellos) y hablando (ellas). Uno de ellos abordó desde atrás a una de las chicas y se izó sobre sus hombros con intención de hundirla.

«No podrá»   ̶ pensé divertida.

Inmediatamente me solidaricé con esa cría porque ella, como yo a su edad, sacaba más de una cabeza a la mayoría de sus coetáneos masculinos. A este en cuestión, le sacaba la cabeza y el cuello. Simplemente con que ella se hubiese puesto de pie le habría resultado imposible hundirla. Sobre todo porque la profundidad de la piscina era de 1’20m y ella superaba con creces el metro setenta de altura.

Yo me habría plantado, me habría girado hacia el chico y habría intentado hundirle a mi vez. Así lo hice muchas veces. Jugábamos. Nos divertíamos como lo hacen los cachorros a la par que aprendíamos a controlar nuestras fuerzas.

Pero no, ella dobló aún más sus rodillas, se relajó y se dejó hundir mansamente una y otra vez sin ofrecer resistencia alguna a aquel muchacho que se fue creciendo y descargaba todo su peso sobre ella obligándola a permanecer cada vez más tiempo bajo el agua hasta que se aburrió y se fue a hundir a otro chico que sí opuso resistencia. Mientras, ella se colocó por enésima vez el pelo hacia atrás y el sujetador en su sitio y continuó su conversación con el resto de las chicas.

Entiendo ahora –ya sé que tarde, pero más vale tarde que nunca– la razón por la cual las chicas nunca acabaron de verme como una de las suyas. Y, viendo el éxito que esta muchacha tiene con los chicos, también entiendo por qué nunca fui «ligable», por qué nunca acabé recostada sobre algún adolescente o sirviéndole de almohada como he visto –y veo– a las chicas «normales».

Tampoco me cambiaría por ellas. Ni entonces, ni ahora.

1 Comment
  • Manuel

    26 agosto, 2020 at 7:51 am Responder

    Mira Amparo, hola buenos días, noches, mediaslunas…

    Lo raro es que no fuera Ella la que hiciera las «ahogadillas» al tipo. Te aseguro que las mujeres, que habéis sido pasado, presente y futuro, sois infinitamente más fuertes, quizá mentalmente más, que por fuerza «bruta» que los hombres.
    Hoy, no lo dudes, Ellas le pegan 1.000 vueltas a los púberes masculinos. En estudio, en trabajo, en deportes…
    Otra cosa es que ciertas generaciones arrastremos «lo establecido». Nooooo, nada que ver. Tengo una «soplona» que se dedica a eso de la Enseñanza ¡¡de educar nadaaa, por favor!! y me cuenta cómo va el carro por las aulas. ¡¡Muy, muy EMPODERADAS!! y no lo veo mal. Es, sencillamente, un cambio de paradigma.
    Con mi admiración Amparo. Bss

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