PERO, ¿QUÉ DIABLOS ES ESTO?

Una de las tardes calurosas de este verano salí a leer buscan­do algo de aire fresco. Me senté en un banco y me enfras­qué en la lectura de la novela que llevaba entre manos hasta que una voz infantil me sacó de 1955 y me dejé caer al lugar más inhóspito de 2020.

‒A mi no me quiere ni Dios –repetía una y otra vez aquella niña a mis espaldas.

Esa frase, que solo alcancé a captar completamente cuando me di de bruces contra 2020, fue la que logró lo que nunca nadie había conseguido hasta el momento: sacarme de la trama de una novela.

Parpadeé para conectar oídos y cerebro y tener claro que había oído bien.

‒A mí no me quiere ni Dios porque peso 31 kilos y estoy muy gorda –insistió la niña.

Me giré sin dar crédito. Era una niña de unos 8 o 9 años hablando con otra coetánea. Obvia decir que no estaba gorda en absoluto. Pero aunque lo estuviera.

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